Una difícil decisión: dónde nos casamos

Lo malo de querer casarte “de siempre” es que habrás imaginado el día de tu boda trillones de veces. Y la habrás ido modificando otros millones más según pasan los años, las modas, etc. Estamos en época de caza, sé que sois muchas las parejas que van en busca del lugar ideal para celebrar su boda en 2016. Con ánimo de ayudar a alguna pareja “perdida” en ese mar de ofertas interesantes que hay por la zona de Barcelona, hoy os cuento dónde nos casamos y qué nos hizo finalmente decidirnos.

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Antes de empezar con la búsqueda, hay una serie de requisitos que, de entrada, tienes que tener claros a la hora de seleccionar lugares. Cada pareja tendrá su lista de “imprescindibles”, ahí está la clave para que vuestra boda sea “vuestra”. Estos fueron, para nosotros, los puntos de partida:

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  • Cercanía: nosotros vivimos en Castelldefels pero el 90% de nuestros familiares viven lejos (por desgracia). Andalucía, Alicante, Madrid, Italia, Canarias, Brasil, Argentina, Uruguay… Lo que viene siendo una mezcla explosiva. Después de los kilómetros que se van a meter para venir hasta aquí, no queríamos que el día de la boda tuvieran que “viajar” de nuevo. Así que primamos la comodidad de todos ellos por encima de opciones interesantes por la zona de la Costa Brava, por ejemplo. Radio de búsqueda: un lugar a media hora máximo en coche de Castelldefels.
  • Ciento y la madre: a día de hoy, rondamos los 220 invitados (sin contar a los peques). Una burrada, lo sé, pero es lo que tiene haber nacido en una familia maravillosamente numerosa y bien avenida. Dicho volumen de invitados nos hizo descartar bastantes sitios en los que, directamente, no cabíamos. Lo primero que miramos fueron opciones alternativas. Casas rurales, fincas particulares, en los que montar un buen sarao lejos del circuito de bodas al uso. A la semana y media de llamar y llamar, descartamos esta opción. Con semejante lista de invitados no había ni baños para todos. Y, la verdad, no me imagino vestida de novia haciendo cola en un Poly Klin. Boda alternativa sí, pero NO tanto.
  • Espacio exterior: somos muy del verde y desde el principio soñamos con una boda 100% exterior. Incluido el baile, en plan festival. Ceremonia en un bosque, aperitivo soleado, cena a la luz de la luna y rave hasta el amanecer. Tanto verde para tantos eventos y tantas personas también nos hizo descartar sitios en los que los exteriores eran un poco justos o un poco feuchos (para qué mentir).
  • Fin de fiesta: este punto es, probablemente, el más personal. Porque hay parejas que son cosas que ni preguntan… En cambio, nosotros, aparecíamos en las visitas y después de decir “¡hola!” soltábamos: “¿y hasta qué hora podemos bailar?”. Llámanos juerguistas, pero para nosotros es muy importante un buen fiestón y esa sensación de meterte en la cama con la sonrisa puesta tras haber disfrutado una gran noche.

masia rosas jardinesCon todos estos puntos clarinetes, la lista empezó a reducirse bastante rápido. Y tras las visitas y ese factor taaaan importante como es el “feeling”, nos quedamos con dos finalistas: Masia Ribas (Gavà) y Masia Rosàs (Sant Cugat). Estuvieron en empate técnico unos días. Consultamos con amigos y familiares y la cosa seguía reñida. Masia Ribas, minipunto por cercanía. Masia Rosàs, minupunto por la zona de baile. Masia Ribas, minipunto por el efecto de sus jardines iluminados. Masia Rosàs, minipunto por su elegantísima zona de aperitivo.

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Lo que más nos echaba para atrás respecto a Masia Ribas no tenía nada que ver con el espacio. Era más bien el hecho de repetir. Como ya os conté aquí, mi hermana se casó ahí en 2013. Y fue una boda perfecta. Ese punto nos hizo decantarnos por Masia Rosàs un sábado a las 15h del medio día. Solo unas horas más tarde, contestamos a una llamada que cambió esa decisión. Se celebraba en Masia Ribas una boda con la distribución de los espacios que nosotros teníamos en mente. Nos acercamos a ver el montaje en vivo y en directo. Y, queridos, se hizo la luz. Pero literal. Fue en el momento en el que encendieron la iluminación de la cena cuando supe que aquella imagen no se me iba a borrar nunca. Y eso queremos que sientan nuestros invitados, que nuestra boda sea un recuerdo imborrable. Lo juro, se me escapó la lagrimilla. Lo cierto es que para mi prometido no fue un momento tan mágico, él se dio cuenta del cambio de masía viendo mi cara de boba, esa risa nerviosa y las chiribitas de mis ojos. Y así, en el minuto 90, Masia Ribas marcó el gol de la victoria y el próximo 3 de septiembre nos casamos cerca de casa, en un lugar de ensueño, confiando en su equipazo y con la certeza de que en esos jardines se hace magia. De la buena 😉

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Pd: aprovecho para recomendar 100% Masia Rosàs. Josep es encantador, flexible y un gran anfitrión. Si me casara en el 2017, lo haría ahí sin dudarlo. Gracias por esas magníficas visitas.

Fotos vía Facebook Masia Ribas y Masia Rosàs

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