Sprint boda

¡Hola de nuevo! Lo primero, pedir disculpas por las escasas actualizaciones de estas últimas semanas. Ha sido complicado ejercer de ayudanta de Santa y SSMM sin hacer magia (como ellos). La Navidad me dejó bajita de defensas y agotada así que fui un blanco fácil para todo tipo de virus. Y el día 7 de enero tuve que cerrar precipitadamente la persiana (y cuando digo precipitado es muy muy precipitado) para aterrizar directamente en la cama. Siempre me pasa, no es nada nuevo. A la que te relajas, el escudo protector del autónomo se derrumba y te salen todos los males. Pero desde que empecé esta aventura no me había pasado tan de golpe. Estuve fuera de combate de jueves a domingo y el lunes empecé una semana de “vacaciones”, entre comillas porque no hemos parado. 

Una semana que nos ha parecido un mes. La de cosas que se pueden hacer si te organizas. Han sido unos días súper emocionantes respecto a nuestra boda. Lo que viene siendo un sprint en toda regla. Porque tras la elección del sitio, del fotógrafo y del vídeo en verano, aplazamos todo lo demás para después de fiestas. Una frase muy típica en este país, aplicable a gimnasio, dieta, apuntarse a clases de inglés y un larguísimo etcétera.

Tener horario comercial es sinónimo de no poder cerrar ni una cita con ningún proveedor, a no ser que se enrollen lo máximo y te reciban un domingo (cosa que no pediría nunca y no aceptaría tampoco si me ofrecen. Los domingo son SAGRADOS cuando trabajas los 6 días restantes de la semana). Así que el cerrar era obligatorio. En 7 días:

  • He salivado con la comilona que nos vamos a meter el 3 de septiembre (prometo otro post contando el catering escogido y algunos truquillos para dar con el ideal).
  • He ido a la pelu sin prisas, me he ventilado toda clase de revistas y he desayunado con el tinte puesto. Un placer como pocos.
  • Me han puesto gafas. Qué fuerte ese momento en el que te las pones y descubres que no veías un pimiento. Al menos, no un pimiento lo suficientemente nítido.
  • He cumplido 30 tacos (suma 30 + gafas… auch!). Pero lo llevo divinamente. El tres es mi número y esta va a ser mi década. Además, tener día libre en tu cumple tendría que ser obligatorio en cualquier empresa. ¡VOTACIÓN EN EL CONGRESO YA!
  • He escogido mi vestido de novia. Sí, HABEMUS VESTIDO. Después de una primera toma de contacto desastrosa allá en noviembre en las típicas tiendas de novia (salí deprimidísima, liadísima y muy rallada), abracé de nuevo a Santos Costura. Para mi, el mejor diseñador de novias del mundo mundial. Siempre agradezco franqueza, y más cuando te están “vendiendo” algo. Y eso es lo que más aprecio de él. El que te diga “esto es una caca de la vaca”, te baje a la tierra y te resalte lo precioso que cada una de nosotras tenemos. Sin pretensiones, directo, con la mirada mágica de un profesional que es capaz de ver que dos dedos de tela más aquí te sentarían mucho mejor. ¡Y alucinas con la diferencia de esos dos dedos! Venga, otro post exclusivo para Santos que me emociono y se alarga el asunto.
  • He dado con los zapatos de novia más ideales ever. Y encima rebajados, un puntazo. Según mi madre se llaman “Chimichurris”. Hagan su cábalas. Tiene todo lo que andaba buscando: originales, cañeros, tacón asequible para una que va más plana que una tabla de planchar, atemporales… ¡y monísimos!
  • He brindado, margarita en mano, con gente especial a la que hacía tiempo que no veía. Me han hecho una tarta gigante de chuches, he saltado en una cama elástica con Valentina, he notado las patadas de Alejandra por primera vez y mi familia y amigos me ha vuelto a demostrar lo maravillosos que son.
  • Hemos encarrilado las invitaciones de boda. Un tema “peliagudo” ya que andábamos algo perdidos. Suerte de David (Estudi Comet) y las ganazas que tiene de que queden espectaculares. ¡Pinta bien la cosa!
  • Hemos empezado a soñar con nuestra Luna de Miel. Otro tema complicado por lo enorme y precioso que es este planeta en el que vivimos. Dilema de los buenos.

Releyendo todo esto, resulta agotador la actividad frenética de la pasada semana. Y lo ha sido, agotador pero a la vez irrepetible. Y lo mejor, como no, haber compartido cada segundo con él.

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